martes, julio 22, 2014


Eugene Joseff (1905-1985) era un norteamericano nacido en Chicago que aprendió de su padre austríaco tareas de orfebrería en joyas. A comienzos de los años 30 llegó a Hollywood y ya no volvió a marcharse. Se encargaría de diseñar hasta su muerte todos los accesorios que lucían las estrella en las películas.

Preservada y convertida en institución por su viuda, la colección Joseff, tal como se llama, recorrió en su momento varias ciudades de Europa y algunas de las reproducciones pueden ser adquiridas siempre y cuando se esté dispuesto a pagar un buen precio.

En realidad no se trata de auténticas perlas ni de diamantes genuinos, ya que en el celuloide todo es meramente ornamental, y las joyas no son una excepción. Aunque los diseños resultan verdaderamente extraordinarios y demuestran una gran imaginación.

Al parecer, Joseff consiguió no firmar un contrato exclusivo con ningún estudio y esto le permitió moverse con tranquilidad.

Joyas que lucieron actores del cine clásicoPor otra parte, no sólo se ocupaba de Films contemporáneos sino también de los de cualquier época, aún cuando no hubiera catálogos para re-visar, tal como ocurre con las extravagancias bíblicas.

Si algo lamentó este verdadero artista es no haber arribado a Hollywood en los años ’20, cuando la acción se desarrollaba en lugares exóticos, y Gloria Swanson, Rodolfo Valentino, Pola Negri, Mae Murray y Ramón Novarro se convertían en protagonistas de barrocas historias. Sin embargo, pudo brindar a las manufacturas del sonoro de un brillo inusitado.

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

En los años 30 hubo dos actrices preferidas por Eugene Joseff y no casual-mente eran dos europeas: Greta Garbo y Marlene Dietrich. Tanto la Metro como la Paramount se encargaban de colocarlas en escenarios muy alejados de aquel Estados Unidos de la Gran Depresión, aprovechando su extraño acento.

En el caso de Dietrich en la exposición de joyas de cine, ofrece a los espectadores los abigarrados collares y pendientes que el mito alemán lució en las diversas películas de Joseph von Sternberg.

Joyas que lucieron actores del cine clásicoDesde “Marruecos” (1930) y hasta “El diablo es una mujer” (1935), la actriz encarnó cierto tipo de aventuras internacionales para las que Joseff diseño broches en forma de mariposa, abigarrados collares y aros que realzaban los pómulos de la estrella.

La colaboración con Garbo se dio desde “Gran Hotel” (1932) – Edmund Goulding) hasta “Two faces woman” (La mujer de las dos caras – 1941 – George Cukor-). Lo más interesante de esta muestra es el collar que lució en la secuencia del teatro en “La dama de las camelias”. Se sabía que a la sueca no le interesaban demasiado los accesorios, pero aceptó de buen grado que su Mar-garita llevara semejante adorno para deslumbrar al Armando de Robert Taylor.

Por su parte Mae West prefería dictar ella misma el tipo de adornos y Joseff se encargaba de satisfacerla. En cuanto a Bette Davis y a sus dos caracterizaciones como Isabel I de Inglaterra, se comisionó al artista orfebre para que confeccionara la corona real y aquel pesado anillo con el que, en la versión de 1939, golpeó a Errol Flynn como el conde de Essex.

Y Vivien Leigh como Scarlet O’Hara en “Lo que el viento se llevó” también lució las joyas de Joseff, según puede verse en la colección.

Joyas que lucieron actores del cine clásicoELLOS Y ELLAS

La lista de los años 40, 50, y 60 es in-terminable. A los ahora famosos pen-dientes de Marilyn Monrroe en “Los ca-balleros las prefieren rubias” y “Una Eva y dos Adanes”, se suma la compleja parafernalia de Elizabeth Taylor para “Cleopatra” o las en exceso libérrimas pulse-ras agitadas por Rita Hayworth en “Salomé”.

Pero a las actrices habría que agregar en esta nómina a una serie de actores que supieron encarnar con galanura ro-les exóticos. Tony Curtis, cuando se encontraba bajo contrato de la Universal al comienzo de su carrera, tuvo que desempeñar roles de príncipe oriental con acento del Bronx, para quedarse con la chica (Piper Laurie en la época) en finales semejantes.

Para Curtis, Jeff Chandler, Robert Wagner y Victor Mature, el joyero diseñó unos brazaletes que adornaba los bíceps de estos ídolos de las adolescentes de entonces y les otorgó un curioso toque camp al colgarles aritos que hoy en día resultaría muy usual y poco sofisticado. Tampoco Estewart Granger ni James Mason escaparon al gusto de Joseff, puesto que en la segunda versión de “El prisionero de Zenda” tuvieron que adoptar las joyas de rigor.// El Diario (NET)


0 comentarios:

Publicar un comentario

Todo comentario es bienvenido. Así que...