jueves, mayo 09, 2013

10:08

Recurre Luis Eduardo Aute a Calderón para uno de sus más cinéfilos poemigas: "Que todo en la vida es cine y los sueños, cine son". Más allá va Miralles en su obra Cineterapia (Oniro), en la que propone 35 películas para mejorar la vida. ¿Una buena caja de Prozac?

Si bien es cierto, y bien hace en recodarlo el psicólogo social Valentín Martínez-Otero, no es cuestión de curar dolencias profundas con ello, pero sí de aliviar, estimular, cambiar, motivar y darle la vuelta a ese "hoy me siento triste" o "ya no quiero luchar". El cine sí puede servir para cambiar muchos estados de ánimo.

Curiosidades del cine"Uno de las primeros profesionales que utilizó el poder curativo del cine fue el psicoterapeuta Gary Solomon, que decía a sus pacientes: Visione usted esta película y llámeme mañana. Dependiendo del problema que le era expuesto en la consulta, ofrecía una receta cinematográfica para que la persona reflexionara y hallara la respuesta por sí misma" señala Miralles, en apoyo a su tesis de que el cine es válido para modificarnos una parte del alma.

"El método de Solomon ya había sido probado por Norman Cousins, que en Anatomía de una enfermedad cuenta cómo superó un cáncer gracias a las comedias de los hermanos Marx que vio durante su convalecencia", añade Francesc por si acaso nos quedaban dudas. Y ahora la ironía: "Recibió el alta en el hospital, entre otras cosas, porque con sus carcajadas no dejaba dormir a los enfermos".

Más poderoso que la universidad

Para educar sirve, y mucho más de lo que algunos quisieran (aunque suene feo o demasiado dieciochesco eso de llevar la palabra 'educar' al cine), y así lo señalaba Julián Marías cuando decía, recuerda Otero, que el cine tiene el máximo poder educativo; incluso más que la universidad.

Para Martínez-Otero es indiscutible su capacidad instructiva, y señala su poder en la infanciay las precauciones necesarias. Lo sensato y evidente pero al parecer no tan presente en nuestra realidad: los niños están mucho más expuestos al influjo negativo. Si los exponemos a mucha violencia puede generar: el aprendizaje de esa violencia; la progresiva pérdida de sensibilidad ante la violencia; y el miedo y la ansiedad. De hecho, esto último también puede ocurrirle a los adultos.

Aunque, hay matices, como el que dio Gustav Jung: "El cine, como las historias de detectives, hace posible experimentar sin peligro toda la excitación, pasiones y deseos que debemos reprimir para el buen orden de la vida"

En un sentido sentimental el cine también interviene: muchos sentimientos de la gran pantalla sirven de aprendizaje para los espectadores. Hay películas que pueden resultar realmente catárticas. Es más: al igual que el teatro, es el cine, desde sus orígenes, muy liberador. "Uno puede sentirse aliviado merced a eso que contempla", afirma el psicólogo.

Motivador; otro de sus papeles: si el discurso cinematográfico es positivo puede estimular para que actuemos. Cinema Paradiso es señalada en este punto por Otero como el gran ejemplo de cineterapia.

"Desde hace más de un siglo, el cine ha sido uno de los grandes remedios populares contra el estrés acumulado durante la semana y la apatía del domingo, por no hablar de las historias de amor que se han forjado los viernes o sábados por la noche en la oscuridad de una sala", palabras de Miralles que trasladamos a algunos de nuestros personajes más populares. ¿Qué película les cambió a ellos un estado, un sentimiento, una emoción?

La película de su vida

Thais Villas.  "Buenavista Social Club es un documental de músicos cubanos del que salí pensando: yo quiero ser como ellos. Era gente mayor que no tenía nada, a los que habían reunido para volver a tocar, y sin embargo les salía la alegría por todas partes. Pensé: si ellos, que no tienen nada, son felices, ¿por qué yo no? Realmente después de esa película me planteé la vida de otra manera. Es una película que te reconcilia con el mundo".

Albert Pla. "La película que más me afectó fue Harold y Maude, de Hal Ashby. Con ella me di cuenta de que me había hecho mayor. La vi cuando tenía 12 años. La película es una bonita historia de amor entre un chico y una abuela. Al ver aquello me di cuenta de que había crecido y me había hecho mayor"

Marta Etura. "Hay tantas que me removieron, que me hicieron sentir que estaba viva... En la vida hay tanta gente que se queda adormecida con la televisión y otras muchas drogas que es bueno que el cine sacuda el alma. Si he de elegir, diré cuál es la última que me cambió: La guerra está declarada. Es la historia de una pareja a la que le sucede lo más terrible que le puede suceder. Lloré y sufrí, pero salí sintiendo que estaba viva, que si esos personajes podían, yo también era capaz de enfrentarme a todo.

Leopoldo Abadía. "The game demuestra que toda esa gentuza que anda suelta fueron en su día niños monos. Y aún más: el protagonista, que un caradura tremendo, tiene  un hermano dispuesto a salvarlo. Cuando acabé de verla tuve la satisfacción de creer: si a gente como a la de esta película hay alguien que lo quiere, a los demás no digamos... Me confirmó además que hay que ocuparse de los demás y que no hay nadie a al que se pueda tirar a la papelera, aunque a veces te apetezca".

Franco Batiatto. "No creo que exista un filme que sea terapéutico de una forma íntegra. Creo que lo han sido ciertos fragmentos de obras de Buñuel, un director que te da una visión de la existencia diferente. Probablemente si yo encontrara un filme como el tercero que he hecho,Nada es como parece, sí me cambiaría la vida porque es místico, con muchas influencias de diversas religiones que puede ayudar al espectador".

Kiko Veneno. "Creo que el cine puede ser muy terapéutico. Sobre todo las películas que infunden valores. Para mí, Big Fish es un buen ejemplo. Me hizo darme cuenta de cómo se la vida se construye paso a paso y el valor de cada uno de esos pasos. El destino y las diferentes posibilidades y la necesidad de reconciliarse con él".

Botiquín de películas

Divide Miralles las 35 películas elegidas para Cineterapia en diversas clasificaciones, acordes todas ellas a diversos estados de ánimo. Algunas de sus propuestas sirven para los más habituales y repetidos (el ser humano, ya se sabe, tropieza un y otra vez y otra más) sentimientos.

Mal de amores

Amélie, de Jean-Pierre Jeunet. Francia, 2001

El apartamento, de Billy Wilder. EE UU, 1960.

Miedo al fracaso

Mary Poppins, de Robert Stevenson. EE UU, 1964

La Guerra de las Galaxias, de George Lucas. EE UU, 1977

Pesimismo

El mago de Oz, de Victor Fleming, Mervyn LeRoy, Richard Thorpe y King Vidor. EE UU, 1939

My Fair Lady, de George Cukor EE UU, 1964

Desánimo

Un mundo de fantasía, de Mel Stuart. EE UU, 1971

Lost in Translation, de Sofia  Coppola. EE UU, 2003

Rencor

El planeta de los simios, de Franklin J. Shaffner. EE UU, 1968

Taxi Driver, de Martin Scorsese. EE UU, 1976// 20 minutos


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