lunes, enero 28, 2013

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De reformar casas a la revolucionaria Matrix. De suplicar una oportunidad a ser los niños mimados de Hollywood. Y algo más: de ser los hermanos Larry y Andy a formar una llamativa dupla, forjada por un tipo enorme y calvo y una transexual con rastas rojas. Así de largo es el viaje vital de Lana y Andy Wachowski.

La extraña pareja

Berlín, hace unas semanas. Los periodistas esperan, curiosos e impacientes, a que los directores de El atlas de las nubes aparezcan en el lujoso hotel. Esperar a una estrella siempre provoca cierto cosquilleo en la barriga, pero hoy la expectación es mayúscula: los Wachowski no son solo los autores de una película, sino dos de las personas más enigmáticas del cine.

A la hora acordada, aparecen los hermanos. Las damas primero: Lana entra en la habitación y exhibe su imponente aspecto. El apocado Larry, mirada tímida y cara de empollón, se ha transformado en una mujer de bandera: altísima, corpulenta, llena de rastas rojas y dueña de un tono de voz elevado, Lana Wachowski no es de las que pasan inadvertidas. A su lado, Andy pasa a un segundo plano, pese a su amenazador cráneo rasurado, su cara de malas pulgas y sus uñas de manos y pies pintadas de negro.

Directores de cineEl poder de la imaginación

"Nuestro cine y, en particular, El atlas de las nubes, habla del arte", dice Lana, "y del amor por contar historias. Sin historias, no concebiríamos la humanidad: la narrativa es la mejor forma de trascender nuestras diferencias y escapar de nuestra realidad. Una persona sin imaginación no es un ser humano, la imaginación es crucial".

Aunque el tema no se toca, la imaginación debió ayudar a Lana en su cambio. Según ha contado alguna vez, siempre tuvo dudas: nunca tuvo claro, al terminar el recreo en el colegio, si debía sumarse a la fila de los niños o las niñas. Durante su infancia fue acosado por ello, pero siguió su camino: creció como hombre, se casó con una mujer y conoció el éxito. Hasta que todo explotó: en el agotador rodaje de las secuelas de Matrix, Larry entró en una depresión que casi le conduce al suicidio. Hasta que reunió a su familia (padres, hermanas y su inseparable Andy) y les dijo que, pese a su aspecto, era una mujer. Dicho y hecho: horas después, todos brindaban en un restaurante por el nacimiento de Lana.

Antes, durante y después, Andy estaba a su lado. Lana es tres años mayor, y es ella la que siempre ha guiado a su hermano en campos como la literatura. También, como explica Andy, siempre compartieron la pasión por el cine: "Desde pequeños", explica, "íbamos con nuestros padres y hermanas a sesiones dobles o triples". También por esa época, los dos hermanos empezaron a grabar historias inventadas en un radiocasete y a dibujar y escribir tebeos a cuatro manos. "Más o menos, es lo mismo que seguimos haciendo ahora", explica Andy.

Porque, dice Lana, eso es lo más complicado: colaborar. "La clave es escribir juntos", dice la pelirroja, "porque rodar es más una cuestión de organización. Si somos capaces de escribir algo juntos, seguro que luego somos capaces de dirigirlo", concluye antes de soltar una aguda carcajada.

Una película enorme

Con El atlas de las nubes han rizado el rizo: además de ellos dos también escribe y dirige Tom Tykwer, que deslumbró con Corre, Lola, corre. El resultado es una película enorme: por su ambición (seis historias que se cruzan a lo largo de siglos), por su metraje (casi tres horas) y por su presupuesto: más de cien millones de dólares, que los Wachowski recaudaron tras convencer a Warner e inversores de medio mundo. "Sabíamos que es una propuesta arriesgada", dice Lana, "pero nos daba igual: no pensamos en términos financieros sino que somos artistas. El arte es satisfactorio y bello, y poder hacer una película es extraordinario. ¿Por qué? Por poder contar una historia, por convertir en imágenes una novela tan maravillosa como la de David Mitchell o, claro, por poder trabajar con Tom Hanks, el James Stewart de nuestro tiempo".

Hay muchas más cosas que preguntar a los hermanos, pero el tiempo ha concluido. Vestidos de negro y unidos por una energía invisible y común, se levantan a la vez y se despiden educadamente. Trece años después de Matrix, los Wachowski parecen concitar más interés como personajes que como realizadores: El atlas de las nubes ha obtenido críticas regulares y un resultado en la taquilla estadounidense mediocre. Sin embargo, los hermanos conservan su magnetismo: su próxima película será Jupiter Ascending, otra superproducción futurista protagonizada por dos de los actores del momento, Channing Tatum y Mila Kunis. ¿Visionarios, únicos...? Algo tendrán. 

Lazos ardientes (1996)

Tras prosperar en el mundo del cómic, los Wachowski vendieron el guión de Asesinos y concluyeron el de Matrix. Warner estaba entusiasmada, pero no confiaba en ellos para dirigirla: antes demostraron sus méritos con esta película de mafiosos y lesbianas, una joya casi desconocida que está entre sus mejores películas.

Matrix (1999)

Casi todo está ya dicho de ella: recaudó más de 400 millones de euros en todo el mundo. Revolucionó el cine con técnicas como el bullet time, copiado hasta la extenuación después. ¿Era tan buena? Probablemente no, pero hay que reconocer que este híbrido de filosofia, religión, artes marciales y acción es una de las películas más importantes de los últimos 20 años.

V de Vendetta (2005)

No la dirigieron, pero sí se ocuparon del guión y de la producción. Aunque Alan Moore renegó de ella, el resultado es notable: una apasionada, impactante y valiente película sobre un futuro, por desgracia, cada vez más verosímil.

Speed Racer (2008)

Cinco años después de su último largo, Matrix Revolutions, los Wachowski estrenaron esta adaptación de una conocida serie infantil. Reparto de lujo, tecnología deslumbrante, trepidante ritmo... Y una película que no gustó a casi nadie.

El atlas de las nubes (2012)

Natalie Portman leía la novela en el rodaje de V, se la prestó a Lana... Y unos años después, la película está hecha. El resultado es desigual, aunque resulta muy divertido ver a Tom Hanks, Halle Berry o Hugh Grant encarnar a varios (y sorprendentes) personajes.// 20 minutos (ES)


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