miércoles, febrero 29, 2012

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Quién le ha visto y quién le ve: la reflexiva estrella que nos recibe en un lujoso hotel esconde, bajo una seria apariencia (traje de rayas, relucientes zapatos y peinado clásico), al líder de una juvenil banda de funk. Al hermano de un New Kids on the Block. Y algo más: a un adolescente conflictivo, criado en uno de los peores barrios de Boston y exadicto, entre otras cosas, a la coca.

Por partes: Wahlberg está en España presentando Contraband, que estrena el 16 de marzo. La película no es un derroche de originalidad: Wahlberg encarna a un exdelincuente reformado que vuelve a zambullirse en los bajos fondos para salvar a su cuñado. Puro entretenimiento. Pura acción. Y otra cosa: puro remake. El de una buena película islandesa, Reykjavík-Rotterdam, estrenada sin ningún éxito en España en 2008.

Actores de cineTampoco mi primera pregunta es un dechado de originalidad: ¿es Contraband el enésimo ejemplo de la hambruna de ideas que parece asolar Hollywood? Wahlberg, productor y protagonista del filme, no tuerce el gesto. Advierte que está muy cansado, pero sus pequeños ojos no parpadean al reconocer que sí. "Hollywood siempre ha importado ideas –explica–, pero es cierto que ahora hay una tremenda falta de inspiración. Pero me da igual de dónde venga un argumento con tal de que sea bueno: los europeos tienen otra sensibilidad, y es excitante encontrar talento fresco. Por eso mi productora recorre festivales y mira cortometrajes de todo el mundo. Por cierto... ¿qué tal eran las películas de los Goya? ¿Podría hacerse un buen remake?".

A Wahlberg le han bastado unos minutos para sentirse más cómodo: balbucea español, elogia la educación de los periodistas locales y reconoce no haberse perdido nada por no acudir, el domingo, a los Oscar. "Me gusta ir si me nominan. Si no, prefiero verlos en casa en pijama, como todo el mundo". Este año Wahlberg no tenía posibilidades, pero sí las tuvo otros años: The Fighter, que protagonizó y produjo, rozó el galardón a la mejor película en 2011, y en 2007 pudo ganar, por Infiltrados, el premio al actor de reparto.

Porque, empezamos a mirar al retrovisor, Wahlberg ha triunfado como actor. Pocos lo habrían dicho en los ochenta, cuando el ahora respetable padre de familia era un delincuente. Benjamín de nueve hermanos, Wahlberg probó la cocaína con trece años. Con quince era miembro de un grupo de adolescentes violentos. Y, con dieciséis, agredió a un vietnamita mientras profería insultos racistas. Antes de los veinte ya había sido condenado a dos años de cárcel.

Era el cuarto hermano entre rejas y, quizá por eso, tuvo una visión: dice que una voz interior le conminó a cambiar. Pero, además de revelaciones místicas, tuvo otro golpe de suerte: su hermano Donnie (dos años mayor) fue elegido para formar parte de New Kids on the Block, boy band ochentera por antonomasia. Parecidos físicamente y dotados para el baile y el rap, Donnie produjo un disco a Marky Mark and the Funky Bunch, banda de hip-hop liderada por Mark. El grupo fue fugaz (duró dos años), pero tuvieron un número uno: Good Vibrations.

"Nunca fantaseé con ser una estrella del cine", reconoce Wahlberg, al que cuesta recordar con gorra rapera y cadenas de oro en el cuello. "Tuve suerte en la música y me ofrecieron unos cuantos papeles que no acepté". Dijo no al cine, pero sí a la publicidad: sus músculos le convirtieron en imagen de Calvin Klein, para quien posó con poca ropa y del brazo de Kate Moss.

Y, al final, llegó el cine. "Descubrí que me gustaba actuar, sobre todo cuando trabajé con Di Caprio en Diarios de un rebelde". Pero fue Boogie Nights, donde encarnaba a una estrella del porno, la que le catapultó: "Tenía 25 años y el director, Paul Thomas Anderson, también era muy joven. En los descansos nos moríamos de la risa... ¡Cómo puede dar un estudio veinticinco millones de dólares a dos niñatos para hacer una peli sobre el porno!".

Padre y siervo de Dios

Ahora, los millones los pone él: es un actor y productor poderoso. Pero no olvida los viejos tiempos, en los que sus mejores escenas de acción eran huyendo de la Policía real: "Todavía es posible que vuelva a meterme en líos –bromea–, pero mucha gente me ha cuidado en el camino. Hacer una carrera en este negocio es muy difícil: lo más importante es tomar buenas decisiones y tener suerte". De delincuente juvenil a modelo americano de esposo y padre: "No es una imagen –dice sonriendo–, ni algo que pretenda transmitir. Intento mejorar cada día como persona, convertirme en un mejor siervo de Dios y ser un buen padre y marido".

Dotado de un ¿enorme? talento

Antes de saltar al cine con Un poeta entre reclutas, Wahlberg ya era el chico-malo-guapo oficial. Además de malo y guapo lucía un magnífico torso y un abultado paquete. Por eso posaba tan a gusto en los anuncios de Calvin Klein y por eso publicó, en 1992, una autobiografía que dedicaba, precisamente... a su pene. No solo eso: algunos rumores afirman que el dueño del enorme miembro viril que aparece al final de Boogie Nights es, precisamente, Wahlberg, que no habría necesitado de doble en esa escena de riesgo.// 20 minutos


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