martes, noviembre 22, 2011

11:54

Sobreviene el escepticismo al tratar de imaginarle como Sigmund Freud, pero en pantalla Viggo Mortensen desaparece y solo queda el padre del psicoanálisis, se olvida fácilmente al actor que hay debajo. Esa es la magia de Viggo, que incluso se atreve estos días con el teatro en Madrid. Parece más que casualidad que Un método peligroso, su tercera película con Cronenberg que se estrena este viernes, esté basada en una obra teatral. En ella, junto al impecable Michael Fassbender (Carl Gustav Jung) y la popular Keira Knightley (Sabine Speilrein) construye una apasionante ménage à trois intelectual.Actores¿Ha cambiado esta película su forma de ver el psicoanálisis?
Más bien ha ampliado mi conocimiento. Siempre había pensado que la idea de confesar a otra persona las inseguridades o las cosas que a uno le dan miedo (la muerte, la vida, el sexo) sin ser juzgado es algo genial, muy positivo.

¿Y sobre Freud?
Tenía la idea de que era una persona bastante reprimida, seria, académica, austera. Y he aprendido mucho: que era un tipo con buen sentido del humor, amable, generoso, sociable, hombre de familia, entrañable, un conversador ingenioso, irónico. Traté de trasmitir eso con ayuda de Cronenberg.

¿Qué es lo que realmente le atraía de esta historia?
La gente puede pensar que una historia entre Jung y Freud puede ser muy aburrida, pero la película no es un documental; habla de las inseguridades, de los miedos que ellos tenían, de cómo cambiaban de opinión y de pensamiento sobre el psicoanálisis y sobre sus vidas. El lado humano de todos los personajes se ve claramente, y eso es lo más interesante. Es un drama, hasta cierto punto es un pequeña tragedia, por el desencuentro entre Jung y Freud.

¿Qué cree que los separó?
Tenían el mismo interés por ayudar a los problemas psíquicos de las personas, estaban bastante de acuerdo académicamente, fue más bien un problema de personalidad que fue separándolos. Jung vino a ser lo que temía Freud: una especie de autoridad religiosa con intereses en lo místico. Freud también tenía un conocimiento tan profundo como el de Jung sobre temas metafísicos, mitológicos y arqueológicos, pero Freud pensaba que había que ser disciplinado y Jung, que era hijo de un pastor luterano, al fin y al cabo, se fue por un lado más religioso. Freud siempre quiso hablar del lado oscuro de las personas, las cosas escondidas que no se hablan y que luego uno sufre por reprimirlas, porque siempre salen por un lado y pueden dañarte y dañar a los demás. Jung quería hacerlo de una manera más indirecta.

Su tercer título con Cronenberg. ¿qué hay entre ustedes?
Somos muy buenos amigos, a él le gusta rodar conmigo y a mí me encanta rodar con él, para mí es un honor y un placer. Pero lo último que él haría es ponerme en un papel que no puedo hacer. Ha hecho una película ahora, Cosmópolis, y yo no estoy ahí, porque no había un papel para mí. Esperamos hacer una cuarta película pero tiene que ser algo que yo pueda hacer.

Cronenberg comentó que siempre buscaba conscientemente un papel para usted, ¿le ha dado él sus mejores papeles?
Me ha entregado mis mejores experiencias. Me encanta la preparación, el trabajo previo, es cosa mía, algo que me divierte y de lo que saco provecho. Lo que nunca se sabe es si el rodaje va a ser igual de divertido y si la película va a ser buena. Mi experiencia con Cronenberg es que el rodaje siempre va a ser igual de interesante que la preparación, y que la película va a ser de calidad, que me voy a sentir orgulloso de formar parte de la película. Es el mejor de todos, en todos los sentidos, he tenido mucha suerte de poder trabajar con él. Cosas de la suerte, si no fuera por el éxito del El Señor de los Anillos él no hubiera tenido permiso para contratarme en Una historia de violencia.

¿Cree que realmente su carrera ha sido cuestión de suerte?
La suerte nos llega a veces, pero no siempre estamos preparados para utilizarla. Hay que estar preparado, Incluso cuando uno está deprimido y piensa: «no voy a encontrar trabajo, no voy a salir de esta». De repente te llega una oportunidad inesperada, y a veces no la reconoces, pero cuando sí la reconoces tienes que estar dispuesto y preparado para hacer algo con ella. Yo intento hacer eso.

Eso es precisamente lo que le ocurrió con El Señor de los Anillos: Le incorporaron a última hora, por una baja inesperada.
Sí, y es curioso que Cronenberg me ofreció el papel de Freud un año antes de rodar, pero no pude hacerlo porque no estaba disponible. Y después, cuando estaban a punto de rodar, el actor que iba a hacer de Freud decidió hacer otra película, y entonces Cronenberg me preguntó si estaba disponible, y yo le dije: « si crees que yo puedo hacer este papel...».

¿Dudaba si era capaz de encarnar a Freud?
Fue un desafío más grande que incluso Memorias del Este, me tuve que estirar más como actor para encajar con este personaje y encontrarlo en mí. Ese desafío fue muy valioso para mí. Además, yo nunca había hecho un personaje que hablara tanto, que tuviera tanto texto, incluso con Cronenberg. Las otras dos películas son personajes no verbales, que se expresan a través de gestos corporales, de reacciones, de miradas. También es el caso de Freud, y sé que Cronenberg presta mucha atención al comportamiento, aunque sean cosas muy sutiles, pero en este caso tenía que aprender a sentirme cómodo con tener que hablar tanto y hablar tan educadamente. Era un desafío también hacerlo interesante, cómo hacerlo sin aburrirme y aburrir a los demás.

¿No hubiera preferido encarnar a Jung, con todas sus sombras? Sin duda es un personaje muy tentador para un actor.
La verdad es que me sorprendió un poco porque de aspecto sería más fácil parecerme a Jung pero Cronenberg estaba convencido de que yo era el actor adecuado para ser Freud. Empecé a estudiar y me di cuenta de que si podíamos conseguir una transformación física, podría ser Freud.

¿Cómo se preparó este personaje?
Me pusieron una nariz postiza, hicieron un trabajo con mis ojos, la barba, las entradas, las canas... Estudié en fotos y descripciones cómo se movía, cómo hablaba, fumaba sus puros, cómo escribía. Aprendí a escribir alemán como escribía él. Era un tipo revolucionario en sus ideas, muy atrevido, pero muy anticuado en su forma de vestir y de escribir. Tenía este tipo de contradicciones y eso fue muy divertido para mí. Todo eso, el set, te ayuda a creértelo.

Ha tenido personajes muy diferentes en su carrera, ¿cuál cree que le ha marcado? ¿Cuál está deseando queda por hacer?
Al actor que le gusta contar cuentos en el cine y el teatro siempre le faltan personajes por hacer. No hay personaje que haya hecho, incluso en películas malas, o de una sola escena, que no me haya gustado. Es un placer encontrar la razón por la que me gusta. Siempre hay algo. Me gusta mi oficio, por suerte.

¿Hacer teatro, representar todos los días el mismo papel, el mismo guión, no supone para usted cierta claustrofobia escénica?
El teatro es otro desafío. No había tenido la experiencia, pero siento que cada noche es una toma de una hora y media, no es tan diferente para mí. O te lo crees o no te lo crees como espectador. En este teatro estamos a la vista de todos, muy cerca de los espectadores, y no se puede mentir. Es cierto que no puedes cortar y decir: «esa toma no me gusta», ese es el miedo, pero son las mentiras verdaderas que uno tiene que encontrar la manera de contar. La buena actuación en cine y la buena actuación en teatro no deberían ser diferentes.// 20minutos.es


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